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El ojo, de Vladimir Nabokov. Junto a un relato de May Sinclair y otro de Thomas Mann.

Actualizado: 8 jun

Vladimir Vladimirovich Nabokov (1899-1977) no podía faltar en El Club Diletante, donde seguimos disfrutando la confluencia de muchos de los grandes autores de la literatura.

El ojo es la cuarta novela de Nabokov, publicada originalmente en ruso. El propio autor, en un "Prefacio" de 1965, explica algunos datos al respecto: "El título ruso de esta novelita es (en su transcripción tradicional) Soglyadatay, pronunciado fonéticamente «Sagly-dat-ay», con el acento en la penúltima sílaba. Es un antiguo término militar que significa «espía» u «observador», ninguno de los cuales tiene la flexible amplitud de la palabra rusa. Después de considerar «emisario» y «gladiador», renuncié a la idea de combinar sonido y sentido, y me contenté con mantener el «ay» (pronunciación fonética de «eye»: ojo) al final del largo tallo. Con este título el relato se abrió camino plácidamente a lo largo de tres números de Playboy en los primeros meses de 1965.

Compuse el texto original en 1930, en Berlín —donde mi mujer y yo habíamos alquilado dos habitaciones a una familia alemana en la tranquila Luitpoldstrasse—, y apareció a finales de ese año en la revista de emigrados rusos Sovremennyya Zapiski, de París."

Para acompañar este divertimento del extraordinario escritor ruso hemos escogido, como siempre, dos textos de menor extensión.

El primero es "Donde el fuego no se apaga" o "Donde su fuego nunca se apaga" ("Where their fire is not quenched"), de la escritora británica Mary Amelia St Clair, más conocida como May Sinclair (1862-1946). Este relato se publicó por primera vez en The English Review en octubre de 1922. Al año siguiente se incluyó en la antología de cuentos titulada: Uncanny Stories (Cuentos extraños), que vio la luz en tres países diferentes (Inglaterra, Estados Unidos y Suiza). Pero, sobre todo, empezó a recobrar notoriedad a partir de que Jorge Luis Borges lo escogiese, para una sección de la revista El Hogar, como el más memorable de los que había leído.

 

«ME PIDEN EL CUENTO MÁS MEMORABLE DE CUANTOS HE LEÍDO. PIENSO EN "EL ESCARABAJO DE ORO" DE POE, EN "LOS EXPULSADOS DE POKER-FLAT" DE BRET HARTE, EN "CORAZÓN DE LA TINIEBLA" DE CONRAD; EN "EL JARDINERO" DE KIPLING —O EN "LA MEJOR HISTORIA DEL MUNDO"—, EN "BOLA DE SEBO" DE MAUPASSANT, EN "LA PATA DE MONO" DE JACOBS, EN "EL DIOS DE LOS GONGS" DE CHESTERTON. PIENSO EN EL RELATO DEL CIEGO ABDULA EN "LAS MIL Y UNA NOCHES", EN O. HENRY Y EN EL INFANTE DON JUAN MANUEL, EN OTROS NOMBRES EVIDENTES E ILUSTRES. ELIJO, SIN EMBARGO —EN GRACIA DE SU POCA NOTORIEDAD Y DE SU VALOR INDUDABLE— EL RELATO ALUCINATORIO "DONDE SU FUEGO NUNCA SE APAGA", DE MAY SINCLAIR.

RECUÉRDESE LA POBREZA DE LOS INFIERNOS QUE HAN ELABORADO LOS TEÓLOGOS Y QUE LOS POETAS HAN REPETIDO; LÉASE DESPUÉS ESTE CUENTO.»

Jorge Luis Borges. "El cuento, joya de la literatura, en una antología de El Hogar, hecha por escritores argentinos". Revista El Hogar, 26 de julio de 1935.

 

En El Club Diletante pudimos disfrutar de dos versiones del relato. Una, fiel a la edición de 1923, que incluye la historia de Stephen Philpotts. Y la otra recomendada por Borges en la revista El Hogar, en traducción hecha por su amigo pintor Xul Solar, que luego incluiría, con pequeñas variaciones, en la Antología de la literatura fantástica que realizara junto a Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares.

Desconocemos si el hecho de que en Argentina el relato se publicara con ciertas omisiones se debió a la versión en inglés utilizada para su traducción o a esa voluntad de síntesis y efectividad que dominaba el espíritu del Borges editor. En cualquier caso, y aunque nos gusta más la versión recomendada por el argentino, en El Club Diletante hemos decidido ofrecer la que incluye al "marginado" Stephen Philpotts, no solo por ser más fiel al original sino porque es también la menos conocida en castellano.

Por último, cerramos el festín literario de esta semana con un relato de juventud de Thomas Mann (1875-1955). "La voluntad de ser feliz" parece ser que se publicó por primera vez en la revista satírica Simplicissimun, en el año 1896.

Buen provecho.



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